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La PACA llega a Gran Canaria

ARUCAS Producción Alimentaria para Consumo Animal (PACA) es el nombre de la nueva asociación de agricultores que promueve el Cabildo para forrar Gran Canaria de cultivos de forraje, y reducir así la dependencia exterior del menú de la cabaña ganadera isleña.

Paca no viene sola. Paca llega con un garaje de maquinaria con el que se propone recuperar en el primer asalto nada menos que hasta 80 fanegadas de cebada, trigo, lenteja negra, chicharro moro y centeno, entre otros granos, gracias a una flota agrícola adquirida por el Cabildo con un coste de 67.201,65 euros y cuya estrella invitada es un espectacular tarajullo que trilla a velocidad de crucero.

Es la New Holland modelo Clayson 1530, un artefacto cosechador de los años 80 pero en perfecto estado de revista -a su anterior propietario de Tarragona le supuso un disgusto venderla-, ideal para pequeñas explotaciones pero suficiente para no salirse de la isla.

Un centenar de agricultores acudieron ayer a las instalaciones de la Granja Agrícola del Cabildo para conocer el programa de su servicio técnico, un plan experimental, el primero que se realiza en Canarias, a través del cual los interesados se pueden inscribir en la asociación y recibir asesoramiento, las herramientas agrícolas y las semillas para dar vida a sus cachos.

Carlos Chiara es ingeniero agrónomo y ayer el encargado de poner al día al personal sobre los secretos del buen forraje. Chiara es un incondicional de las características de los granos autóctonos, que según él no tienen nada que envidiar, sino más bien lo contrario, a los de fuera. Y lo estima sin ánimo chauvinista por que es argentino.

Chiara, tras departir una charla en las instalaciones de la granja, ofreció una clase magistral en la vecina finca de Cebolla donde dio macho a todo el catálogo de tractores, aspersores de cañón, sulfatadoras y hasta despedregadoras allí presentes, excepto a la abonadora, porque un saco de abono llevado al lugar para la demostración desaparecía a la vista de todos a hombros de un pescador de caña que bajaba a la marea en lontananza.

Pero la anécdota no empañó el día. El consejero insular de Agricultura, José Miguel Álamo, se rayó un millo: «Por los reflejos de lograr este material en solo siete meses de mandato».

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